Hace unos días Kyle del blog Immigration Orange me invitó a unirme al grupo de bloggers escribiendo sobre el caso de Chiquita en Colombia.
Me tomó algunos días decidirme a escribir al respecto, por dos razones. La primera es que no quiero que mis blogs pierdan su carácter personal. Cuando escribo sobre temas como la corrupción en la policía o el debate alrededor de las adopciones internacionales lo hago a partir de mis experiencias del día, de historias que me impactan o me interesan o se relacionan con la vida en Congo. La segunda razón es porque como muchos chapines (ver los comentarios en la entrada de "fugitivos" y "fugitivos 2"), la paranoia de la violencia (como muchos llamaban y aún llaman a nuestra guerra civil) me hace siempre pensar y repensar antes de abordar temas intocables. Y qué más intocable que hablar de la nueva Frutera y del 54.
Voy a mantenerme fiel al espíritu de mi blog, así que abordaré el tema desde una perspectiva personal. Creo que es importante saber lo que pasa en el mundo, sobre todo cuando los personajes principales del cuento son los mismos o reencarnaciones de los antiguos...
----
Cuando estaba en segundo grado de primaria, una de las últimas unidades de Estudios Sociales trataba sobre los presidentes de Guatemala. Avanzando cronológicamente desde los Mayas, pasando por la conquista, la colonia, etc. llegábamos ahí por septiembre a la época contemporánea. Era 1982 ¿De qué diablos se podía hablar? Claro que en ese entonces probablemente ni las maestras estaban completamente al tanto de lo que pasaba en Guatemala, y las que sabían no decían nada porque saber era malo, malo de muerte. La muerte no estaba lejos, pero para una niña de ocho años, la muerte por asesinato, por accidente o enfermedad era, al final de cuentas, muerte. La muerte daba miedo. Lo que intuía a esa edad era que la muerte no estaba muy lejos nunca, que no sólo los viejos morían y que sobre algunas cosas que no se preguntaba.
Entre las cosas que no se preguntaban demasiado se encontraban los famosos presidentes. El libro de sociales incluía dibujos o fotitas tamaño pasaporte de todos los presidentes que había tenido Guatemala, acompañados de un párrafo con los logros de cada uno. Era 1982, todos tenían que haber hecho algo bueno. El libro había sido impreso antes que Lucas entrara en el poder, así que para él habíamos añadido un cuadro donde cada una había dibujado a Lucas como mejor podía. Sobre el resto había que memorizar las obras. Memoricé a Justo Rufino y a Cabrera y a Ubico y a Arévalo y a Arbenz y a Castillo Armas sin discriminar entre uno y el otro. Al final de cuentas, cada parrafito era del mismo tamaño, menos para los triunviratos y esas cosas en donde por más que se quisiera no se podían adjudicar muchos logros.
Recordando las fotos, de Justo Rufino no pensaba gran cosa, Cabrera me daba miedo, Ubico se miraba estricto, Arévalo era como un abuelito, y Arbenz se miraba triste. Nadie me explicó nada de nada hasta años después, hasta los 13 años, tal vez, cuando Vinicio ya era presi y parecía que finalmente se podía hablar de cosas. Supe del 44 y del 54, escuché sobre La Frutera y los años que siguieron. Empecé a entender por qué la muerte se sentía cerca, pero no fue hasta que los refugiados comenzaron a regresar a Guatemala que comencé a comprender la magnitud de lo que había sucedido en mi país. Y aún ahora, cada vez que se desclasifican documentos, siento la misma nausea de saber que lo que sólo podría ser una pesadilla, fue cierto.
A la par de la fotitas de Arbenz y Castillo Armas alguien censuró el vínculo de La Frutera antes que fuese concebido. Las palabras "intervención", "Frutera", "revolución", no cabían en el libro de sociales de segundo, pero tal vez tendrían que caber en mi blog, tan sólo porque la historia sobre Chiquita en Colombia me provoca la misma nausea que me provoca la verdadera historia de Guate.
¿Se puede tildar de "escándalo" una historia que se repite una y otra vez, un déjà vu de hace 50 años?
El escándalo de Chiquita corre por la prensa escrita y la blógsfera. Para quienes tengan ganas de revivir la nausea, Democracy Now! publicó al respecto en abril, así como muchos otros blogs (por ejemplo Pepitorias y cadenas de noticias en español.
Ya hay mucha información al respecto en la red, así que no voy a ponerme a parafrasear noticias y comentarios de otros sitios.
La entrada de hoy la escribí pensando en Colombia pero también en la niña que fui en segundo grado, cuando pensaba que todos los niños del mundo tenían feriado por los golpes de estado y que algunos de los presidentes se miraban simplemente tristes.
Theme Day: Electricity
Hace 4 horas

6 comentarios:
Hola Ale, siempre disfruto tus posts. La niñez es una época linda en la vida, en donde uno no sabe nada (y no le interesa) de lo que está pasando en el ámbito político.
La historia política de Guatemala es dura llena de acontecimientos nefastos como el de la Frutera que causó efectos tan nefastos.
Al parecer, la historia se repite... bueno eso ha pasado tantas veces a travez de la historia en tantos otros paises.
Por eso a veces pienso que me gusta seguir siendo niño cuando puedo.
Saludos!!
La frutera, la exmibal y otros temas eran prohibitivos también, no en los centros de estudio, sino por mi papá que era militar.
Saludos,
"las que sabían no decían nada porque saber era malo, malo de muerte"
Este sentimiento que has articulado tan bien parece ser uno de los constantes de las dictaduras totalitarianas. Es una epistemología que se obvia a sí misma. Cuesta la imaginación creer que algo tan inocente como una banana pudiera llegar a ser tan tóxica en ciertas manos. Gracias por esta reflexión de tu niñez.
Sí Paco, la niñez es una época cuando uno ve las cosas de otra manera. Nosotros tuvimos mucha más suerte que tantos otros y pudimos guardar algo de esa inocencia por más tiempo.
Sin embargo, creo que la mayoría intuíamos algo. Así como Mónica mencionó, había tanto que no se podía mencionar, que aprendimos a auto censurarnos desde pequeños.
Por supuesto yo no me percaté de la gran suerte que tuve hasta que era adulta y comprendí un poco mejor por lo que Guatemala había y estaba pasando.
Brett, estoy super de acuerdo respecto a la constante de las dictaduras y el terror. Leer la historia de America Latina es leer la historia propia con sólo algunas variantes.
Dos recuerdos (tal vez re-interpretados y/o re-construidos con el tiempo) de mi niñez parecidos a los suyos: El 23 de marzo del 1983, cuando en vez de regresar a la casa varios compañeritos del Liceo terminamos en la casa de una de las maestras (que era amiga de mi mamá)... el sentimiento de que algo no estaba bien, pero no saber que era...
El otro es respecto a un librito de pasta azul que mi papá tenía entre las enciclopedias, libros de contabilidad y nuestra collección de cuentos infantiles... La patria del criollo... con el tiempo entendí que era bueno volar bajo el radar cuando cierta literatura se encuentra a la vista.
Sobre la frutera... bueno... mi mamá trabajo en Del Monte a finales de los 80s y principios de los 90s... siempre me sorprendió como era una compañía líder en cuanto a pactos colectivos y beneficios para sus trabajadores, en especial los de Izabal. No todas las fruteras son creadas iguales y la esperanza es de convertirse en ciudadanos corporativos responsables. Otro caso en Guate: La coca-cola... pero esa es agua de otra bolsita...
Te admiro por la manera que abordas este tema, muy lejos de los ojos justicieros de revolucionarios que formaron parte de esos años inborrables en la mente de muchos de nosotros.
En los '80 yo tenía 12 años, ya había pasdao esa etapa de la niñez y no recuerdo haber escuchado algo de todo esto hasta después de los 8 o 10 años, cuando en las noticias se escuchaban los enfrentamientos entre las dos partes militares.
A mí me da mucha nausea también porque no solo viví de cerca estos acontecimientos en la ciudad con bombas, carreteras con peajes subersivos en las afueras, movilización militar, golpes de estado, etc...
Hemos de decir que la corrupción de los que regalaban la tierra y que le vendían el alma al dinero son los culpables. Estados Unidos, como país capitalista y primera potencia del mundo defiende sus intereses aunque hayan sido mal habidos, los corruptos fueron los nuestros y ellos los corruptores.
Lo que no me gusta, es que muchos tocan este tema sin sensibilidad humana, con odio, sed de venganza como si Dios nos hubiese dado la potestad de hacer lo mismo que esta clase de gente e intervenciones ha hecho.
Yo creo en la lucha de algo civilizada con miras dentro de la comunidad internacional, como lo hace la oposición dentro de la misma Cuba en contra de el régimen de Fidel.
Dijo Jesucristo: "El que ha hierro mata a hierro muere".
No se puede resolver la violencia con violencia.
Publicar un comentario